
¿El Show de la política o la política como espectáculo? – Parte II
2018-07-25 Desactivado Por ElNidoDelCuco
Los reflectores siguieron a nuestro vaquero Trump en su periplo por Europa. ¿En dónde más, si no, podía haber capturado mayor atención de los flashes que en la hasta entonces escasa semana atrás del 15 de Julio mundialista en Rusia con ese indescifrable e imperturbable Vladimir Putin, la personificación de un Kremlin que trata de volver con nuevos aires pero con una vieja escuela ya conocida?
Aquí, algunos apuntes.
Por: Carlos G Suárez
Corresponsal de EL NIDO DEL CUCO en Washington DC
En la primera entrega de esta columna, dimos la génesis de la travesía trumpiana por La City, The United Kingdom de ´´God save the Queen´´ y su flamígero discurso a la Ministra May, contra todo, aunque previsible, pronóstico. Sin embargo, en aquel escenario, el presidente Trump solo había hecho y dicho la constatación de lo que ya antes había sido su participación en la OTAN como parada previa.
En un sentido simplista, aunque el menos ramplón de todos en que, siendo Trump un hombre salido del mundo frío de los negocios y del cálculo a ganador tenía que verle la cara al líder ruso de frente, sin el tamiz de los pre-conceptos y, de última, sentir lo que su instinto animal de negociador le pudiera estar advirtiendo respecto de aquél.
Como contraparte, Vladimir Putin, el hombre de rostro sin señal alguna que exprese en su gestualidad lectura de querencias o animadversiones. El hombre aquel que supo alguna vez ser parte del staff sombrío de la antigua KGB en épocas de la Unión Soviética, sabedor como ninguno de secrecías antiguas y, mejor aún, del trato con un superego, el de Trump, tan o más autosuficiente que el suyo propio, debía adorar como un anillo de un huevo Fabergé el que su date con el number one de los gringos fuera a puertas cerradas.
Para ir entendiéndonos y adentrarnos cada vez en rigor informativo e interpretativo, la llegada al poder de Trump fue el resultado de una fuerte lucha dentro de los elementos estadounidenses del proyecto global “occidental” (liberales-banqueros-financieros) y los restos de la élite del proyecto capitalista (industriales que producen algo). Este contrato adquirió dimensiones políticas después de que la crisis comenzó en 2008, cuando se hizo evidente que los recursos del proyecto “occidental” para estimular el crecimiento económico en los EEUU y el mundo están agotados y que es necesario buscar modelos de desarrollo completamente nuevos.
El resultado del cónclave mediático no puede ser más arrebatadoramente explosivo. Un affaire a primera vista. Es que entonces, efectivamente, ¿estamos ante el show de la política o la política como espectáculo? Ni una cosa ni la otra. A saber del best seller ´´La trastienda de Trump´´ de Daniel Estulin, tanto Trump y Putin son a su modo el conservadurismo de derecha y ambos tienen los mismos enemigos, liberales banqueros financieros. En otro acápite del mismo – sigue Estulin – nos habla de que el modelo financiero del mundo occidental se estableció en la Conferencia de Bretton Woods de 1944, pero ese modelo estaba pensado para reemplazar al sistema soviético en que el dólar era el núcleo del sistema y tenía que convertirse en la moneda base de un nuevo sistema mundial, incluso en Rusia, en ese entonces la URSS.
Así, el acuerdo de Washington no era más que una suerte de manual para quienes construían el nuevo modelo económico en Rusia y en otros países del derrotado bloque socialista. En tanto que existiera el modelo Bretton Woods eso era posible, pero la llegada de Trump cambió completamente las reglas de juego de ese viejo orden, así que no existe ningún vínculo secreto, ni grabaciones ocultas ni fotos que Putin pudiera usar para chantajear a Trump. Lo que sí que parece existir son negocios sucios entre el presidente estadounidense y la mafia ruso-israelí, multimillonarios oligarcas de la ex-Unión Soviética.
Son según el libro de Estulin, «gánsteres multimillonarios y magnates procedentes de las repúblicas de la antigua Unión Soviética, del tipo Román Abramovich, que amasaron fortuna con los yacimientos gasíferos, pero que residen en el exterior de Rusia, como por ejemplo en el Reino Unido, son ellos quienes dominan los imperios de empresas de Donald Trump y su yerno Jared Kushner».
Un dato no menor, que me parece imprescindible acotar al cierre de esta nota es que, mientras lo redactaba, recordé que en alguno de los tres debates que sostuvo el magnate y candidato republicano durante la campaña contra Hillary Clinton, algún panelista o el moderador (el cual escapa a mi memoria) hizo el apunte de que Trump, dentro de las cuatro veces oficialmente en que se declaró en bancarrota (sin contar las extraoficiales que podrían ser una docena) habría sido en alguna de ellas reflotado con dineros de ese capital salvaje y emergente procedente de los ayer camaradas y hoy nuevos amigos de don Vladimir Putin.
Continuará…
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